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Marianela

by Benito Pérez Galdós

Una novela breve y emotiva sobre la mirada, la belleza y la desigualdad.

~5 hr 18 min · full book23 reading sectionsFree to read

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Inside this work

  1. 01Capítulo I · Perdido~12 min
  2. 02Capítulo II · Guiado~17 min
  3. 03Capítulo III · Un diálogo que servirá de exposición~13 min
  4. 04Capítulo IV · La familia de piedra~21 min
  5. 05Capítulo V · Trabajo. Paisaje. Figura~14 min
  6. 06Capítulo VI · Tonterías~13 min
  7. 07Capítulo VII · Más tonterías~14 min
  8. 08Capítulo VIII · Prosiguen las tonterías~17 min
  9. 09Capítulo IX · Los Golfines~23 min
  10. 10Capítulo X · Historia de dos hijos del pueblo~9 min
  11. 11Capítulo XI · El patriarca de Aldeacorba~16 min
  12. 12Capítulo XII · El doctor Celipín~9 min
  13. 13Capítulo XIII · Entre dos cestas~9 min
  14. 14Capítulo XIV · De cómo la Virgen María se apareció a la Nela~17 min
  15. 15Capítulo XV · Los tres~11 min
  16. 16Capítulo XVI · La promesa~9 min
  17. 17Capítulo XVII · Fugitiva y meditabunda~16 min
  18. 18Capítulo XVIII · La Nela se decide a partir~11 min
  19. 19Capítulo XIX · Domesticación~24 min
  20. 20Capítulo XX · El nuevo mundo~16 min
  21. 21Capítulo XXI · Los ojos matan — parte 1~25 min
  22. 22Capítulo XXI · Los ojos matan — parte 2~6 min
  23. 23Capítulo XXII · Adiós~6 min

A few words to begin

Se puso el sol. Tras el breve crepúsculo vino tranquila y oscura la noche, en cuyo negro seno murieron poco a poco los últimos rumores de la tierra soñolienta, y el viajero siguió adelante en su camino, apresurando su paso a medida que avanzaba la noche. Iba por angosta vereda, de esas que sobre el césped traza el constante pisar de hombres y brutos, y subía sin cansancio por un cerro en cuyas vertientes se alzaban pintorescos grupos de guinderos, hayas y robles. (Ya se ve que estamos en el Norte de España.) Era un hombre de mediana edad, de complexión recia, buena talla, ancho de espaldas, resuelto de ademanes, firme de andadura, basto de facciones, de mirar osado y vivo, ligero a pesar de su regular obesidad, y (dígase de una vez aunque sea prematuro) excelente persona por doquiera que se le mirara. Vestía el traje propio de los señores acomodados que viajan en verano, con el redondo sombrerete, que debe a su fealdad el nombre de hongo, gemelos de campo pendientes de una correa, y grueso bastón que, entre paso y paso, le servía para apalear las zarzas cuando extendían sus ramas llenas de afiladas uñas para atraparle la ropa.

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